EROS...


(Las viñetas que acompañan al texto pertenecen al libro: "¡Luz y pornógrafos!" Ed. Compañía Literaria, 1994, Madrid.)

Serafín, y hay que darle la razón, se niega a vestir a sus mujeres o, en todo caso,  condesciende a que apenas se cubran con  transparentes tules que le sirven de coartada al dibujante, de cuya plumilla surgen, ¡oh, milagro!, hembras desaforadas, rotundas, imposibles de domar, filosóficas valkirias que se ríen a carcajadas sobre las rodillas de un señor de negro.
Serafín es un devoto de sus formas, y casi en cada dibujo las erige un monumento.



Y nada más trasgresor que estas mujeres que, de la mano del artista y como expresión de su credo irreducible, acorralan al prócer, al político, desviándole por un momento (afortunadamente) de contribuir al procomún. Las horas en que el legislador se extasía ante la hermosa computan como servicio rendido a la Nación. ¿O queremos acaso que se nos aplique el reglamento?





¿Por qué la política y el poder, por un lado, y la humana verriondez, por el otro, coquetean interminablemente en el inconsciente colectivo de las gentes? ¿Es verdad lo que nos muestra Serafín? ¿Y cuál sería la prole de esta gozosa coyunda? Se admiten apuestas.



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